"Soy RAYO BOY, un perro rescatado del abandono"

jueves, 31 de diciembre de 2009

"Este soy yo...Rayo Boy"



Era tarde, no puedo ni quiero recordar la hora, solo sentí el golpe en el suelo oscuro que me hizo volver a la realidad, no sabía donde estaba, era un lugar negro como si hubiera caído en un hoyo profundo que no tenía fondo, seguí cayendo, empecé a correr, corrí, corrí y corrí, a momentos escuchaba ladridos desconocidos de muchos perros, se me hizo larga la carrera, no llegué, hasta que mis fuerzas se acabaron, mi instinto me llevó a esconderme, al pasar la alambrada sentí un dolor en mi cara, y de paso algo medio tibio empezó a bajar por mi hocico, corrí a esconderme entre medio de los cerros debajo de unos arbustos para que la lluvia no me mojara, ni golpeara mi piel pelada. Le tenía miedo a la lluvia fuerte, duele cuando uno no tiene pelos y parece que mas te los saca, le tenía miedo a los vientos, a los árboles cuando los mueve, me sentí cobarde, por no saber que hacer ante lo que me había deparado el destino, cruelmente me botaban de una familia, de un hogar caliente, me quitaban el cariño que creí que me tenían, me habían traicionado, y ese dolor no se lo doy a nadie. Ese miedo asqueroso a lo desconocido, estado de shock le llaman los veterinarios, me desesperaba, me escondí, me quedé dormido en medio del barro sin saber que hacer, sentí que el frío era mas frío que el frío que hacía en el patio donde crecí, mi cuerpo pelado no dejaba de tiritar mientras ese frío se fue apoderando de mi cuerpo, de mi poca piel, de mi corazón, me volví inseguro, desconfiado, huraño. Ahí me quedé hasta que pasó la lluvia, vi amanecer en medio de los cerros nevados, a oscuras, el sol no calentaba, seguía con miedo, seguía tiritando, no se cuantos días pasaron desde aquel golpe en mi cuerpo contra el suelo. Volvió a oscurecer, volvió a amanecer, y así sucesivamente, hasta que un hormigueo se apoderó de mi guata, me decía que era hambre,…¿que como?, si todo era planta, árbol,...miré hacia el suelo, entonces atiné a comer barro, es raro el barro, pero tiene agua, tierra que llenó mi estómago, de repente una piedrilla puede ser como una papa, era rica la papa. Me empezó a aburrir el barro, me levanté y salí a investigar donde estaba, empecé a caminar, me encontré con varios perros que me ahuyentaban, enojados me ladraban echándome, yo corría y corría, siempre me alejé de ellos.
Un día estando escondido siento un auto que se detiene, el chofer tocó la bocina, esa bocina tenía un toque especial que los perros del lugar se acercaban como abejas a la miel, me quedé escondido observando que hacían, una señora de buzo negro abría la puerta de la maletera, bajaba algo y se los ofrecía, de lejos veía que los perros se ponían contentos, movían sus colitas felices, no se arrancaban, quise ir al encuentro como todos ellos, al estar cerca, la señora estiró su mano con comida hacia mí, tuve pavor y arranqué, ella lentamente volvió a acercarse con la mano estirada con comida diciéndome, ¿eres nuevo, cuando llegaste?, ¿que te pasó en la cara?...ven, no tengas miedo, dejame curarte, yo no te haré daño…su voz se quedó en mis oídos, era suave, delicada.

 
Yo ahí con desconfianza empecé a comer,  al fin y al cabo ella era humana y ya sabía como me trataban los humanos, quizás me volvería a pegar, era mejor que me alejara y volví arrancar. El matrimonio esperó a que los perros del lugar se alimentaran, se subieron al auto, ella levantó una mano como despidiéndose de mí…hasta la próxima, dijo…y se fueron.
Observé de lejos que los perros comían y luego se iban a los cerros, cuando ellos se fueron, yo fui a ver si quedaba alguna sobrita para mí.
Un día vi otro auto que hacía lo mismo, era una señora que mas tarde supe se llamaba Loreto, que al detenerse los perros del lugar también se le acercaban y ella les tiraba pedazos de carne, siempre se cercioraba que todos comieran, me acerqué, me vio y zas que me tiró uno a mí, lo agarré y corrí, lo encontré sabroso, rico, que tiempo que no comía carne, me apuré en comérmelo para ir a buscar otro, pero no la encontré.
Siempre después de cada lluvia aparecía ese auto con la señora que me hablaba, ella me daba algo que no me daban los demás, confianza, seguridad.


Cada vez que ella iba al lugar, yo sentía a lo lejos que venían y corría a su encuentro, pero no me atrevía a tocarla. Un día me hice el valiente, esperé que ellos llegaran, y cuando estaban ocupados con los huéspedes del lugar, lentamente me acerqué a su auto, y me paré afirmado en el para ver que traían. Fue la primera vez que yo no sentí miedo, ella me acarició, me dio a comer un pedacito de miga con algo.
Desde ese día los esperé a ellos, sabía el día que subían, conocía su auto, su bocina, sus voces.
Empecé a correr tras su auto, eran decenas de kilómetros y yo corría y corría, ellos se reían y me decían corres como un rayo, así te vas a llamar “Rayo”.
Durante mi estadía no faltó el que me echó a la fuerza arriba de su auto y me llevó a su casa, hasta estuve en la casa de un gran carabinero que me quería mucho, pero yo estando lejos de ese camino, mi instinto me decía que “ellos” irían, entonces buscaba la forma de escaparme y llegaba como fuera para verlos de cerca y me tocaran, volvía al lugar, por que sabía que esa familia estaría ahí, a veces los niños iban en bicicleta y yo los acompañaba todo el camino, hasta la señora andaba en bici y yo la seguía. Cuando veían que me cansaba de tanto correr tras ellos, me subían al auto, me paseaban por el camino mientras alimentaban y sanaban a los enfermos, hasta tomaba ricas onces con galletitas…uuummm, que ricas eran!. Luego me pasaban a dejar donde había un condominio de casas melita copeva, ahí me hice amigo de la Llori, también de la Chiquitita, que era otra que le gustaba estar con la familia y pasear, de repente el Bufanda de celoso intentaba agarrarme del cogote, para que decir del Payo, el loco de las piedras, era el perro mas grande que ha existido en el camino, creía que yo le quitaba sus piedras, se enojaba y Basi lo detenía. Que bien me sentía cuando me tiraban una piedra para mí, para que yo se las trajera, era más que seguro que me iba de caricias.

Un día un caballero que le gustaba ir a cazar al sector me agarró a la fuerza, me subió a su auto y llevó a su casa, se me hicieron largas esas semanas en que no escuchaba el sonido típico de esa bocina melodiosa, hasta que un día no lo podía creer, la volví a oír, entonces corrí a su encuentro, el, abrió la puerta del auto, me dijo…Rayo, arriba, súbete, y no te vuelves a bajar…fue así como llegué a este hogar donde me adoptaron.

Este soy yo, y quiero agradecer a todas aquellas personas que le escribieron a Marcela, para adoptarme, a cada uno de ellos que ha preguntado por mí, muchas gracias, pero yo elegí “mi familia”. Aquí tengo todo lo que un día me negaron. Soy el rey de las carreras, recorro las calles detrás de la bice de la Dany, corro a buscar la pelota cuando me la tiran lejos, me siento, doy besos y abrazos, saludo, ya no le tengo miedo a la lluvia, Marcela me hace ropa, hasta un impermeable para salir en invierno, me sacan a pasear caminando, pero ni cagando me suben al auto…jajaja…no hay caso, cuando veo que el auto empieza a moverse me da por ladrar histérico, y a morder los vidrios, no hay caso que me suban de nuevo al auto, prefiero correr detrás y que dichoso me siento cuando Marce llega de la univesidad y me dice ¿dónde está mi campeón?...y yo corro a sus pies a quitarle la pelota de futbol.
Hoy mi mirada, mi vida entera es feliz, me siento inmensamente amado por “mi familia”, incluyendo a mis hermanos que quiero y respeto, aunque la última que trajeron del camino es media loca, le da por morderme las cañuelas…jajaja. Aquí encontré la paz que nunca tuve en lugar alguno. Yo no podría estar sin ellos..."ellos", que me rescataron del abandono son todo para mí y que mejor que contárselos hoy cuando estamos en vísperas de un nuevo año que se viene...Yo soy uno de los cientos de perros que Marcela se ha traído del camino, con la diferencia que tuve la enorme suerte de no irme nunca mas de su lado. No hay día que no me digan que me aman, y yo agradecido los baboseo entero con mis besos. Marcela se emociona cada vez que me mira y me dice te amo Rayo.

 





Agradecer, solo agradecer a cada uno de ustedes, sin importar quién sea, que se da el tiempo de leer a esta tonta que ama a los perros. Muchos son los que preguntan que pasó con Rayo, pues bien, Rayo Boy, es parte de mi hermosa familia, y el año pasado fue el quién posó para la cámara de los perros del camino, hace clic aquí y pocos de los que lo vieron se dieron cuenta que era el.

Se termina el año 2009, toma lo positivo, disfruta el minuto, abraza cada día, no te olvides de decir te amo a quienes amas, por mi parte donde quiera que haya un perro abandonado ahí estaré para intentar poder recuperarlo, sin la necesidad de andar diciéndole a nadie donde, hasta que lo recupere. Bien dice que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha y Dios vaya que premia. Para mí Rayo Boy, es el perro del bicentenario, es el niño revoltoso, cariñoso, confiado, entregado, que con su mirada me agradece que lo ame, solo verlo feliz, yo soy feliz.


La foto fue tomada la primera vez que pude acariciar a Rayo, dentro de tanto perro, es el único color café.

Adopta un perro del camino...ellos seguirán necesitando que los saquemos de allá, a seguir confiando que Dios me dará vida para poder seguir haciéndolo, y en caso contrario que mi obra sirva de ejemplo para las futuras generaciones y ellos puedan ver que nunca mas haya un perro abandonado.









Marcela Opazo Castro




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